jueves, 7 de julio de 2016

Las pequeñas virtudes


"Las pequeñas virtudes" (Natalia Ginzburg, Acantilado), que ya he terminado de leer, tiene dos partes. Una primera con textos hilarantes, como los dedicados a la comida británica previa a la transformación que se está viviendo en estos momentos en eso por ahí (aunque es verdad que también contiene un emotivo texto que evoca a su amigo Cesare Pavese). Una segunda con textos más íntimos, como el que da nombre a todo el volumen, con una serie de consejos chocantes, pero brillantes una vez reflexionados, sobre cómo se debería educar a los hijos. De esta segunda parte, y concretamente del capítulo llamado "El hijo del hombre", entresaco este fragmento que deja comprender el calvario vivido en los años 30 y 40 por las víctimas del fascismo en Europa, como ella y su familia.
"Ha pasado la guerra y la gente ha visto derrumbarse muchas casas, y ahora ya no se siente segura en su casa como se sentía tranquila y segura antes. Hay algo de lo que no nos curamos, y pasarán los años y no nos curaremos nunca. Quizás tengamos otra vez una lámpara sobre la mesa, y un jarrón con flores y los retratos de nuestros seres queridos, pero ya no creemos en ninguna de estas cosas, porque una vez tuvimos que abandonarlas de repente o las buscamos inútilmente entre los escombros."
"Es inútil creer que podemos curarnos de veinte años como los que hemos pasado. Aquellos de nosotros que hayan sido perseguidos, nunca volverán a tener paz. Un timbrazo nocturno no puede significar otra cosa que la palabra 'policía'. Es inútil decirnos y repetirnos que tras la palabra 'policía' tal vez haya ahora caras amigas a las que podemos pedir protección y ayuda. Esa palabra siempre nos produce desconfianza y espanto. Si miro a mis hijos cuando duermen, pienso, aliviada, que no tendré que despertarlos en plena noche para huir. Pero no es un alivio pleno y profundo. (...)"
Cada vez que noto un nuevo avance de las ideas fascistas por Europa, y ahora es un momento álgido en ello, me digo que cómo es posible que se vuelva a ver pasar por aquí, sin espanto, esa rueda.
En la foto, Leone y Natalia Ginzburg, autor y fecha desconocida para mí.


 

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