Habiéndose dado a conocer por el gran público (ahí entro yo en escena) con un ensayo como "La España vacía", me digo que era lícito tener (como un servidor tenía) miedo de las excelencias de este su siguiente libro, la novela "La mirada de los peces" (Penguin Random House, 2017), por mucho que hubiera sido vitoreada hasta exageradamente en los comentarios de su página Facebook. En esa página dejaba ver su habilidad en la distancia corta, pues demostraba que sabía entrar directo, sin traumas, y a la vez divertido, en los temas. Pero vete tú a saber si eso era extrapolable, extendiendo esa cualidad al volumen de toda una novela.
Pues mi respuesta es que sí, que desde luego, después de haberla leído receloso en su inicio (viendo cómo iba creando toda esa estructura en la que viaja adelante y atrás en el tiempo, disgustándome de la poca calidad física del volumen, pues se aprecia en él que está hecho con un diseño y materiales estudiados al máximo para reducir costes en sus enormes tiradas, a mí que me gusta tanto eso de leer un libro en el que su papel, su diseño, se vea cariñosa y generosamente pensado), para ir entrando en ella hasta recorrerla admirado en todo su tramo final.
Impresiona leyéndola, sobre todo, la capacidad de su autor para reflexionar sobre temas de lo más serios utilizando un lenguaje lo más alejado del muermo pontificante que suele utilizarse en estos casos. Por sus páginas finales he marcado un ejemplo de eso significativo, en que habla de la física cuántica, pero diciendo a la vez que quizás todas las extrañezas se deban a que "no llegamos a más".
Habrá que dejar claro que las profundidades en las que entra la novela no son en absoluto las de la física cuántica, sino otras muchas con las que nos encontramos frecuentemente yendo por esta vida. Arranca todo con la constatación por parte de Sergio del Molino de que el antiguo profesor que había anunciado su intención hasta la saciedad ha cumplido su amenaza de suicidio. Sigue entonces el viaje atrás, con continuos regresos al presente y a otros momentos, para dar con la clave de ese hecho, explicar la singularidad de ese profesor que tanta importancia tuvo en su vida pero, a la vez, dar un baño de sinceridad (o lo que se lee como tal) sobre sus angustias juveniles y toda otra serie de consideraciones sobre cómo va forjando uno su carácter o, simplemente, cómo acaba por vivir por aquí.
He sumado a Sergio del Molino a mi pequeña lista de novelistas a seguir.

No hay comentarios:
Publicar un comentario