Aunque teóricamente con eso del par de chaparrones dispersos había refrescado, ayer se sudaba un poco dentro del Espai Contrabandos. No por la alta potencia de la discusión dialéctica, que no fue tal. Simplemente por el ambiente bochornoso de la tarde, pero quizás también por una sensación de impotencia para poder revertir la situación actual en nuestras ciudades. Ahora vamos a ello.
La convocatoria era para la presentación del último libro de J. M. Martí Font, “Barcelona - Madrid. Decadencia y auge” (Economía Digital, 2019). Pero, ya puestos, dado que su anterior “La España de las ciudades” (2017) era de la misma editorial y parecido tema y que su editor Félix Riera era quien convocaba, presentaba e interrogaba al autor, también este último libro estuvo presente en el acto.
Ha estado honesto Martí Font diciendo que en sus libros ha pronosticado una determinada evolución en el gobierno de las ciudades, mientras que luego se ha dado la contraria. Así, tras un primer libro en el que quería explicar la batalla entre unas ciudades ideológicas frente a las habituales ciudades de gestión, que había llevado a la alcaldía de Madrid, Barcelona, Zaragoza, Valencia,... a nuevas fuerzas, resulta que todo el mundo reconocía la magnífica gestión de la alcaldía de Carmena. Y cuando en el segundo, que se centraba en la comparación entre Barcelona y Madrid, preveía serias dificultades en la siguiente contienda electoral para el equipo de Ada Colau, mientras por el contrario veía claro que el equipo de Carmena se haría de nuevo con la capital, aunque el recuento de votos respectivos ha corroborado recientemente esa intuición, las alianzas electorales posteriores han llevado a lo contrario...
Félix Riera, pensando en una serie de grandes instituciones -sobre todo del mundo del arte- barcelonesas, a su juicio por primera vez en bastante tiempo al mando de personas de indudable talento, se ha lamentado de que el choque con el entramado de instituciones que las mantienen económicamente hace casi imposible la gestión, el cambio. Marti Font, por su parte, ha admitido la parálisis de que hablaba Riera, pero también ha acusado a Barcelona casi desde Maragall, pensando en temas más generales, de una cierta falta de liderazgo. Se ha colocado en 1987 , momento de la desaparición forzada de la gestión de la entonces Corporación Metropolitana, para encontrar ahí el origen de unos cuantos de los males que asaltan a la ciudad. La supresión de la Corporación Metropolitana -ha continuado- supuso la creación de una serie de reinos de taifas en los municipios vecinos a Barcelona, que no quieren saber nada de la gran ciudad, estableciendo de forma independiente gestiones que en buena ley debieran ser coordinadas.
Solo se ha hablado, de hecho, de la comparación Madrid-Barcelona en unos pocos momentos, y uno de ellos ha sido para hacerlo con las redes de metro respectivas. Una anécdota al menos para mí muy jugosa que ha explicado ofrece una poderosa imagen a la paralización barcelonesa al respecto: Las cuatro enormes tuneladoras que se colocaron hace ya muchos años para construir las líneas de metro que hacían falta para hacer operativa la red global siguen esperando trabajo ahí paradas, enterradas en el subsuelo...
Luego el coloquio -y aquí vuelvo a lo dicho en el principio- se ha centrado en un coral lamento por la pérdida de pulso y personalidad que la ciudad ha sufrido de forma acelerada en los últimos tiempos.
Como me interesan mucho estos temas, intrigado por averiguar qué cosas le desvelaron sus investigaciones periodísticas, cuando haya leído los dos libros (aunque la pila de pendientes es larga), más.



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