Llaman al timbre del interfono. ¿Quién será a esta hora? Seguro que se equivocan. Aún así me acerco a la puerta del piso y descuelgo el auricular:
-¿Si?
-¡Amazón!- Así, gritado como si del temible Almanzor se tratase.
Ahora ya está clara la equivocación, puesto que no compro nada a ese servicio que se está comiendo todo. Pero pulso el botón para que puedan abrir el portal y suban hasta el piso. He recordado que una amiga prometió enviarme un libro sobre Tánger, y no lo había encontrado por ningún lado, por lo que lo buscó y envió por Amazon.
Abro el cartón y aparece un libro precioso, empezando por la fotografía de su portada, su agradable al tacto sobrecubierta, lo delicado de su edición. Por su interior ojeo unos cuantos capítulos (“La casa de Balmes”, “Más amigos”, “El cine”,...) de medida y limpia tipografía, que indican corresponder a unas memorias de la ciudad de la infancia del autor. Unas escogidas fotografías completan el buceo en ese ambiente.
Horas de placer me esperan. Y ya veo que tendré que ir planificando el siempre aplazado viaje a las huellas que aún deben quedar, por muy destrozadas que estén, de esa ciudad.
La referencia (previa a su lectura): Antonio Pau. “Tánger entonces”. Editorial Comares, Granada 2017. Colección La Veleta, número 37.

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