domingo, 21 de junio de 2020

Las Cartas Crueles de Perico Baranda


Ya habiendo leído “Cartas crueles” (Perico Baranda, La Charca Literaria, 2020), me tocaría ahora explicar las razones por las que destacaría el libro entre los recientemente publicados. Como tengo la fea costumbre de señalar a lápiz -aunque no siempre ni de forma constante- lo que más me va llamando la atención y más me satisface de la lectura, tengo ahora fácil anotar aquí alguna de las cosas que más me han gustado del libro, poniendo varios ejemplos de cada una de ellas. Las clasificaré en varios apartados, bastante sui-géneris:
1.- Frases que resultan chocantes por la conjunción de cosas que no esperabas ver nunca juntas, y que conducen inexorablemente a la carcajada:
-“Se lo dice una monja que, antes de serlo, fue hermeneuta y traductora de Gadamer al español” (de carta de la superiora del Convento de las Arrepentidas de Guadalajara, pág. 18)
-“Pueden suponer que soy persona de principios y que jamás me he teñido el pelo ni he dejado de recortarme el bigote con rigor matemático”. (Carta de un juez, pág. 39)
-“Un simple batir de alas en Singapur hace cien años podría haber provocado (indirectamente) el asesinato de Kennedy, la caída del muro de Berlín o la última novela de Vizcaíno Casas”. (Carta de Marcial Nazareno, pág. 86).
-“Ya tenemos aquí la Primavera y con ella las flores y los pólenes, la congestión nasal y el lagrimeo, y esas ronchas que me salen en los brazos y que nunca sabré si son una respuesta inmunológica al cambio de temperatura o un nuevo ataque de los chinches de la oficina”. (Carta de Pepita Monterroso, pág. 123)
-“Estamos tan excitadlas con la excursión que en cuanto tenemos medio ramo hecho nos atizamos con él en la cabeza y corremos por el campo como cabras chillando ‘¡Viva Jesús Sacramentado!’ y cantando jotas navarras”. (Carta de Merceditas, pág. 125)
-“He buscado esta libreta para escribir un rato. Lo necesito. También necesito un zumo de naranja y un café. Voy y vuelvo”. (Diario del inspector Arriaga, pág.127).
-“Me esperan a media tarde en el Vaticano para participar en un congreso sobre el Espíritu Santo y la revelación de secretos oficiales”. (Carta del obispo Irizábal. Pág. 130).
2.- Frases redondas, dignas de mejor causa:
-“Separado de ti, soy como un coche sin combustible, como un profeta sin doctrina. Te sueño, ansioso, desde este seminario conciliar de Barcelona, al final de la escalera, al fondo del abismo. Ven”. (Carta del obispo Irizábal, pág.46).
-“Pilar era el estribillo de mi vida: ese fraseo alegre que se repite de tanto en tanto en la existencia de cada cual y es capaz de vivificar la melodía más monótona”. (Diario del inspector Arriaga, pág. 65).
-“Las opiniones de Alfredo son las del telediario”. (Carta de Pepi, pág. 116).
-“¡Eso es caminar, y no lo que hace la gente al pisar el suelo!” (Carta anónima, pág. 136).
-“Podemos confiar en las habilidades de mi suegro, siempre al servicio de la mujer española”. (Carta del psiquiatra Cabrujas, pág. 164).
3.- Citas y demás exhibición de cultura:
-“No admito novedades desde los ‘Principia’ (1687) de Newton y no aplico otro derecho que el establecido por Dios en la Ley Natural. Soy abiertamente partidario de la desigualdad racial, sexual y nacional, y no acepto ni la proximidad genética con el chimpancé, ni la interpretación atomista de la realidad. Ahí queda eso.” (Carta del juez Carvarejo, pág. 39).
-“Oportuna estaba en tratamiento con un psicólogo transpersonal, discípulo de Jung que, como saben, no le hacía ascos a los espíritus”. (Carta de la superiora del Convento de las Arrepentidas de Guadalajara, pág. 83).
-En el diario del Inspector Arriaga aparecen unas oportunas menciones al bolso amarillo de “Marnie, la ladrona” (pág. 97).
-Todo el capítulo de la página 100 aludiendo al final de “El corazón delator”, de Poe.
-“Cuando despertó, el mamarracho todavía estaba ahí”. (Carta de Pepita Monterroso, pág. 124).
-“Después de cincuenta años viviendo sin vivir en mí, me ha ido de perlas ausentarme durante tres meses”. (Carta de Isabel, pág. 134).
-“És muy triste tener que pedir, pero más triste es tener que degollar”. (Carta de Jalila Cafati, pág. 141).
-La Madre Engracia del Sagrado Corazón en una carta hace gala de saber de los experimentos del Dr. Laborit, aunque quizás sólo haya visto “Mi tío de America”. (Pág. 165).
4.- Ocurrencias y auténticas animaladas:
-“Te aseguro que la sotana, el solideo, los calcetines morados y la cruz pectoral me queman y sólo me libro de su peso cuando me enrosco en tu cuerpo y nos frotamos con desesperación hasta el orgasmo. Sólo entonces sé que no estoy fingiendo y creo que Dios existe. (...) Si te vienes unos días a Barcelona, haremos que Dios se manifieste en la habitación insonorizada del Hotel Excelsior. ¡La reservo ya!” (Carta del obispo Irazábal, pág. 46).
-La ONG Camareros sin fronteras (carta de Asunción, pág. 59).
-“Se le amenaza con arrancarle los dientes a lo vivo y vender las fundas al mejor postor, o se le cortan directamente los cojones, que son una pieza impagable de su anatomía. Eso o la pasta”. (Carta de Marcial Nazareno, pág. 62).
Y 5.- Verdades
-“Para eso están las puertas traseras de los bancos y el secreto de confesión de las iglesias”. (Carta del inspector Arriaga, pág. 84).
No es una novela epistolar ortodoxa. Está contada, sí, a base de cartas, pero no las de un o como máximo dos corresponsales, sino por, cómo puede verse, multitud de ellos. Cartas que van cruzándose desvelando, como un puzzle de pequeñas piezas al irse conjuntando, toda la trama, que es de lo más tremebunda, con mucha truculencia y mucho fiambre por el medio.
Pero no acaba ahí la cosa. Avanzados un poco en el volumen, en vez de cartas aparecen, con la clara intención de recapitular la situación para el lector, variadas felicitaciones recibidas por Doña Mercedes -auténtico y poderoso núcleo de la función- el día de su onomástica y, a lo largo del libro, artículos de recónditas publicaciones o las notas del inspector Arriaga -bastante alelado, el pobre- y -sobre todo- por el final los papeles del detective Palomares, suerte de sincero y desengañado diario de este investigador privado, que sirve a las mil maravillas para ir inyectando una filosofía nihilista de la vida que bien pudiera ser la de Perico Baranda si algún día se descubre que él es, en realidad, el auténtico autor de todo lo vertido en letras de molde a lo largo de la novela.

Seguramente por el otoño el libro podrá encontrarse en alguna librería, cuestión que, como tantas, ha impedido la irrupción de la pandemia, pero mientras tanto sé que se pueden hacer pedidos a esta dirección electrónica (contacto@lacharcaliteraria.com), y que por 15 euros lo tienes en casa, gastos de transporte incluidos. Es poco para los buenos ratos que proporciona. 

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