El subtítulo explica bien claramente su contenido: recuerdos y retratos. Pero me ha costado mucho más de lo previsto leerlo, habiéndome saltado muchos trozos, más allá de que he tardado desde 1998 hasta ahora en decidirme a hacerlo. Me explico.
Siempre digo que mi principal y casi única colaboración en el vídeo de Martí Rom sobre Francesc Català Roca fue convencerlo de que no lo pusiera a hablar ante la cámara, comentando sus cosas. No porque no se obtuvieran muchas observaciones de calado -que conservo como oro en paño- de su conversación, sino porque lo suyo, y de lo que había que disfrutar, eran sus fotos.
Dicho esto, me ha sorprendido como escribía Robert Doisneau, el gran fotógrafo francés, en este agradable librito de bolsillo, con aspiración de sencillez, editado por Actes Sud en 1995. Empieza con una cita de Jacques Prévert y diría que por un momento se lanzaba a emular su lenguaje. Pero luego cambia y, como no domino el francés, ese tono irónico, rebosante de alegorías cuando no chistes o frases hechas difícilmente traducibles, se me ha hecho por momentos de lo más difícil de descifrar.
El trabajo empleado por Doisneau en su lenguaje se aprecia desde la primera página, con esta reflexión que más que preceder a una recopilación de agradables recuerdos parece hacerlo de un libro de alta filosofía de la vida. Traduzco, porque de esta frase en particular sí creo haber captado su posible sentido:
“Durante el trayecto no he tenido tiempo de ver pasar el tiempo, ocupado como estaba con el permanente y gratuito espectáculo ofrecido por mis contemporáneos, aliviándolos, cuando se presentaba la ocasión, de pasada, con una imagen”.
Y poco después remata con esta sensata constatación:
“Felizmente, he mirado y escuchado mucho y no he entendido casi nada, salvo lo siguiente: “El paso de tortuga de los que ven alejarse la fecha de su nacimiento se debe más a la rigidez de sus articulaciones que al peso de la sabiduría acumulada acarreada”.

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