viernes, 29 de enero de 2021

En la Alhambra



“En la primavera de 1829 vino a España Washington Irving; es ésta época del año la más a propósito para viajar por Andalucía. Entonces aún no había ferrocarril; el escritor americano iba en compañía de un amigo; los asistía, llevando los yantares para el camino, un medio escudero, que les contaba mil historias fantásticas de ladrones, de moriscos, de guerras pasadas y de hazañas remotas. No se puede desear un mejor viaje que el que hizo Washington Irving: iban caminando lentamente; observaban las tierras por las que pasaban; admiraban los bellos paisajes; se detenían en las alquerías y cortijos; preguntaban a los caminantes que se cruzaban con ellos en el camino; cuando era la hora, se detenían bajo los olivos, ponían sus mantas o capas en el suelo y comían con toda calma, en la serenidad de un ambiente tibio y sutil, teniendo a lo lejos la perspectiva de una montaña azul”.
Así empieza Azorín el capítulo “En La Alhambra”, de 1829, recogido en su “España. Hombres y paisajes”. Luego explica que, llegado a Granada, se quedó solo y, puesto que había ido para conocer la Alhambra, se fue a vivir allí mismo, con la familia que la cuidaban...




 

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