domingo, 4 de abril de 2021

Victor Hugo en Vasconia (Azorín)


Al finalizar de curiosear el primer volumen de la obra completa de Azorín, recalo en “Víctor Hugo, en Vasconia”, un artículo de “Los valores literarios” (1914).
Leyéndolo me entero de que “Victor Hugo estuvo con su padre, el general Hugo, en nuestro país, cuando era un niño. No quedó en aquella mansión en España casi nada en la mente de Hugo”, pese a lo que empezó a decir que sabía el idioma (no era cierto: para las palabras españolas que colocaba en sus obras le ayudaba su hermano Abel) y a autotitularse poeta español.
Pasa luego a explicar el viaje que hizo al País Vasco, en el verano de 1843. Dice que “fue desde Bayona directamente a San Sebastián; desde allí trasladóse a Pasajes”, donde habitó. De allí “marchó a Pamplona”, donde permaneció unos días, “hizo una excursión por la montaña y regresó a Francia”.
Criticando su poca precisión sobre los tipos de alojamiento que decía Hugo habían por esa zona, le alaba Azorín la sencilla descripción que hizo de San Sebastián: “Un promontorio a la derecha; un promontorio a la izquierda; dos golfos; un istmo en medio; una montaña en el mar; al pie de la montaña, una ciudad. He aquí San Sebastián.”
Cuando está en Pasajes sale por las tardes de paseo por las montañas, para contemplar el amplio panorama, y se ve que escribió con un pico, en una roca del picacho que utilizó como mirador, las siglas de su nombre. Se pregunta si alguien encontrará alguna vez ese rastro, pero tras una simple encuesta por Google, parece que no ha sido así. Y era atractiva la apuesta...
Finalmente, de la estancia de Victor Hugo en Pamplona escribe Azorín: “Le encantan el claustro de la catedral, la ancha plaza con soportales, el panorama que se descubre desde el paseo de la Taconera. Corretea por las murallas y por las callejuelas. Se celebraba por aquellos días de Julio la feria. Hugo discurre entre los tipos de campesinos y compra multitud de chucherias y baratijas: ligas, con letreros, de Segovia; una caja de cerillas químicas, de Hernani; pilillas de agua bendita, de Bilbao; un hacecillo de reas de Elizondo; papel de Tolosa; un cinturón o garniel, de cuero, de Panticosa; dos mantas de Pamplona, ‘que son de lana magnífica, de una manufactura recia y de un gusto exquisito’ “.
(La imagen de San Sebastián en 1843, de Eugène de Malbos, la he sacado de la Wikipedia. La de la casa de Pasajes en la que estuvo Victor Hugo, de aboutbasquecountry.eus, la del claustro de la catedral de Pamplona de Turismo Navarro y la de los dos mozos con una manta navarra que bien podrían ser como las que compró Victor Hugo, de sasua.net)





 

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