El sillón de marras, la gran pieza de la habitación.
Gerardo Diego fue el poeta de la Generación del 27 que se quedó en la España franquista acabada la guerra civil, y recuerdo que su fotografía salía destacada en los libros de texto del bachillerato, él vivo y coleando, mientras otros o bien ya habían muerto o bien penaban en el exilio.
Eso debió por lo menos frenar mi interés por él, lo que justifica un poco, por ejemplo, que ni lo situara mentalmente como natural de Santander.
En otro momento daré cuenta de la cuidada exposición que pudimos admirar en una emocionante visita guiada a la misma, dedicada a los dibujos que poblaban las revistas de poesía del momento de efervescencia que dio en llamarse por ello el segundo siglo de oro de las letras de por aquí.
Hoy solo pondré por aquí algo de lo poco que se conserva del despacho de Gerardo Diego, ahora exhibido en la Fundación de su nombre, colocada en un sector del conjunto de la Casa-Museo de Menéndez Pelayo. En particular nos gustó un sillón de madera que combina el diseño estilo Bauhaus con la solidez de los muebles burgueses de los años 20 y 30. Me recordaron esos elementos el tipo de muebles que hacía Josep Palau Oller, padre de Josep Palau i Fabre, para sus clientes del Eixample barcelonés.
La máquina de escribir “portable” de Gerardo Diego. Una clavija permite elevar un poco los tipos para escribir, partiendo de la posición de viaje (en la fotografía)
La revista que compuso Gerardo Diego, Carmen, sobre un pequeño mueble biblioteca.




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