miércoles, 13 de octubre de 2021

Miseria y grandeza del Partido Comunista de España. 1939-1985 (Gregorio Morán)


Llego a la conclusión de que a Gregorio Morán le deben gustar los buenos westerns. Lo deduzco de cómo valora los grandes gestos inútiles, las derrotas soportadas con entereza.
Tomemos, por ejemplo, el caso del derribo oficial de Vicente Uribe, el que fuera número dos del Partido Comunista de España. Previamente no es que haya ahorrado calificativos contra el personaje pero, cuando en el pleno del Comité Central del PCE de 1956 es usado como único chivo expiatorio, centrando en él todas las acusaciones de culto a la personalidad de la época más fieramente estalinista, Morán tiene para con él unas palabras de apoyo que me hacen pensar en los finales de ciertos héroes de westerns:
“Este hombre, otrora feroz e implacable, ya se había convertido en un pingajo. Era suficiente. Podrá presidir la siguiente sesión, la XIV, y entrará en el olvido hasta su muerte en Praga el 11 de julio de 1961. El único patrimonio que le quedaba era el carácter enloquecido de su esposa, Teresa García, y sus cinco hijos, cada uno de ellos un mundo que reflejaba la caótica diáspora de los españoles por el este de Europa; la grandeza mientras eran parte de la nomenclatura de los hijos de los dioses, y las dificultades cuando pasaban a ser ciudadanos corrientes y molientes. Murió siendo miembro casi honorario del Comité Central. Una nota necrológica le recordará en Mundo Obrero a él, que había sido miembro del Comité Central desde 1932 y luego del Buró Político. De obrero metalúrgico llegó a ministro de Agricultura en el gabinete de Largo Caballero y de Negrín. Su último escrito fue la espeluznante carta a Dolores, que no obtuvo respuesta, durante su último periodo de tratamiento médico a causa de la ‘arteriosclerosis cerebral’ y el alcoholismo: ‘me han dado corrientes eléctricas en la cabeza al mismo tiempo que me hacen una operación que consiste en estirar el pescuezo… pero los resultados positivos no aparecen. El dolor de cabeza continúa permanentemente’. Con razón decía la esquela de Mundo Obrero, que con él había perdido el Partido Comunista de España a un ‘militante probado, firme y abnegado’.” (página 297 de la primera edición de “Miseria y grandeza del Partido Comunista de España. 1939-1985”, Planeta, 1986)
En la fotografía, Dolores Ibárruri, Fernando Claudín y Vicente Uribe.

 

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