El el mes de noviembre se concentran una barbaridad de actos de los que suelen atraer mi atención. Tienen tendencia, además, a situarse en el jueves por la tarde, con lo que te llevas unos grandes berrinches internos y debes proceder a descartes dolorosos.
Me apunté a un curso de Historia de la Filosofía que tenía lugar los jueves por la tarde y empezó a principios de octubre: por el momento sólo he ido en una ocasión. Ayer habría sido la segunda, pero me debía -entre otras cosas litigando entre sí- a la presentación en Barcelona del libro “Tinc una camisa blanca” (Tushita edicions, 2022) de mi amiga, de cuando ambos éramos unos jovencitos que despertaban a la llamada de los libros, el cine y varios etcéteras, Pruden Panadés. Desde que dejó su trabajo de gestora cultural se ha desvelado como una prolífica autora, pero no tanto como para despreciar la sesión de presentación en Documenta, en la ciudad donde hace 35 años que no vive, de su último libro, cuidadosamente -como todo lo suyo- planificada.
“Tinc una camisa blanca” es, como todos los suyos, un librito muy breve (no llega ni a las 90 páginas), pero cada una de sus páginas está trabajada, repasada y reelaborada con la paciencia y tesón de un buen orfebre.
Hoy todos se han puesto de acuerdo, por primera vez, en hablar de sus obras, escritas en dirías que una especie de prosa poética que mezcla erudición con frases coloquiales y palabras sencillas con otras que debo correr a consultar el diccionario, como de poesía. Voy a cometer un crimen y a traspasar aquí la pieza que ha acabado por dar nombre a todo el libro, pero tronchándola, sin dejarla culminar su in crescendo narrativo, que es el que le da todo su sentido. Sería reflejo -en mi opinión, claro- de cuando quiere (y ya se ve que sabe) ofrecer frases y lenguaje muy inteligible, con palabras de uso corriente:
“Tinc una camisa blanca, una ganga trobada
al mercat, feta de setze peces unides amb
costura anglesa, dotze botons, tres etiquetes
I un passador estret que vaig descobrir ahir
cosit sota el coll, qui sap si per passar-hi un
fulard lleuger o una corbata, tal com
acostumen a incorporar molts uniformes
d’hostessa de terra o d’aire. Tinc una camisa
blanca de repunts perfectes, trobada al
mercat, per un preu que fa riure, i amb un
punt d’elasticitat que la fa agradable. Una
camisa adequada per a una entrevista de
feina, per fer d’hostessa de terra o d’aire (…)”
Pero tiene otras que sólo se muestran sencillas cuando se leen con concentración, a veces perdida por alguna que otra palabra que (al menos yo, fatal lector de catalán) no has entendido del todo. Aquí el principio de la pieza inicial:
“Duu els ulls esbatanats pels efectes del
col·liri. Volia comprar llàgrimes i l’abús de
gotes d’aigua de mar li ha assecat la mirada
i li ha cobert el cor de sal. Ja no hi veu de
tan dilatades com té les ninetes, tant desig
de llàgrimes ha obturat els finíssims cràters
per on esperava que, com va llegir en aquell
llibre, emergessin perles transparents, ni que
fos per una causa postissa, per una mala història
d’amor radiofònic, per quatre
ratlles de sentiment. (…)”
Faltaría poner por aquí alguna otra muestra, en esta ocasión de erudición de la autora, más allá de las técnicas de “las labores propias de sus género”, que se decía antes y se comentó ayer, que, en éste como en otros de sus libros, aparecen por doquier. No lo haré, dejando que sea quien se haga con el libro el que las detecte. Alguna sólo las puede descubrir la propia autora, como cuando ha desvelado que una de las piezas se debe a la lectura de Thomas Benhard, de la misma manera que otra obedecía a una imagen que le impresionó, vivida en un jardín en el Japón.
Pruden Panadés siempre suele preparar muy bien la escenografía y dramaturgia asociadas a sus presentaciones de libros, y esta ocasión no ha sido la excepción. Lecturas de voces diferentes y hasta a tres voces, música en vivo en los interludios, compusieron el acto.
Bien es verdad que inicialmente creí encontrarme contemplando una velada de varias damas británicas reunidas en su casa del Vallés Oriental para hablar mientras tricotan o hacen unos cuantos puntos de cruz. Confieso que no me sentía a gusto con la forma de leer que tenía Mercè, una supongo que filóloga amiga suya que creo ya haber visto en presentaciones de libros previos, pero acabé rindiéndome cuando descubrí la forma en que te hacía caer en los tesoros escondidos por los textos, en los que, invariablemente, por mala lectura Mía, no había reparado.
Pruden ha prometido no volverlo a hacer, pero eso debe entrar por un oído y salir airoso por el otro, por lo que ¡hasta el próximo!
Pero para acabar, una última cosa, casi un juego, a la que se ha lanzado al completo el auditorio al finalizar el acto. A parte de los dos retratos de las damas tricotando, cuelgo una imagen doble. En ella está, a la derecha, Pruden Panadés sentada en un banco, con expresión de satisfacción, en medio de la maleza. A la izquierda, la portada del libro. Pero, sobre ella:
¿Alguien sabría decir qué representa esa imagen utilizada para la portada?



No hay comentarios:
Publicar un comentario