Pep Bernadas se acerca inesperadamente a la tribuna, antes de iniciarse la Presentación. Primero hace estallar en una carcajada a Patricia Almarcegui.
¡Pues ya tenemos nuevo libro -en Editorial Candaya- de Patricia Almarcegui por aquí! Lo presentaba ayer, con atuendo aparentemente no iraní, pese a ser una novela, en Altair, ante un público eminentemente femenino, dentro de una gira que la debe dejar exhausta, pensando que si hoy (por ayer) es martes, esto es Barcelona, pero a saber qué les digo que no dijera en Madrid o Murcia.
Le hacía las preguntas Olga Merino y, entre eso de no querer destripar demasiado la intriga y quizás lo de los silencios trabajados que dice Almarcegui llenan el libro, pues no quedaba muy clara la cosa para quien no lo haya leído previamente, como era mi caso. Tuve que emplearme como un inspector Jacques Clouseau cualquiera y, a partir de fragmentos oídos por aquí y por allá deduje:
a/ Que la idea de escribirlo surgió por 2017, con la eclosión del movimiento Me too.
b/ Que se planteó cómo abordar el tema y, para desarrollarlo, emprendió una larga serie de entrevistas a mujeres de diferente edad, con unas determinadas características, a las que les preguntó sobre sentimientos de inferioridad de condiciones que hubieran sentido.
c/Treinta historias de mujeres que llevaron, por el proceso de refinado de la escritura, a las historias de las dos protagonistas.
c/ Que lo único que tenia por entonces claro era que ese material nunca debería servir para una no-ficción.
d/ Que hasta llegar a la versión publicada de la novela escribió tres manuscritos diferentes. Una protagonista, Anna, empezó viviendo en Barcelona y acabó haciéndolo, en la versión definitiva, en Menorca. La otra, Pari, es una mujer de Irán.
La primera pregunta de Olga Merino fue esa:
-¿Qué lleva a unir Menorca con Irán?
La respuesta de la escritora fue directa: “los diez últimos años de mi educación emocional”. Eso y una ventana (de su estudio, en el noroeste de la isla de Menorca) que da a un limonero, que luego vimos tiene su incidencia grande en todo ello.
Los otros descubrimientos de por dónde se desliza la novela y cuál es su trasfondo ya los descubrirá el lector con su lectura, pero sí puedo añadir que tienen su papel un naufragio, casas de tránsito, algún que otro huerto, el nefasto proceso que están sufriendo los lugares turísticos (y la peculiar derivación que se da en estos momentos en la isla de Menorca) y (este detalle responde a la precisión de Ana Briongos, que atendía en primera fila) el azafrán, auténtica imagen de Irán.
Me hizo gracia el diálogo que nos comentó surgió al final de una de las presentaciones del libro:
-¿No vas a escribir algo de Menorca?
-¡Pero si me he quedado exhausta de hacerlo, con este libro!
Habrá que ponerse a leerlo y empezar a pensar a qué nuevos mundos literarios le lleva la contemplación de ese limonero.
Luego, con su speech, le hace ponerse seria.
Ya en plena Presentación. Olga Merino le ha preguntado a Patricia Almarcegui por lo que une Irán con Menorca y ésta expresa sus razones.
La portada del libro, como la de Cuadernos perdidos del Japón elaborada concienzudamente por Olga Subirós.




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