jueves, 11 de diciembre de 2025

Presentación de "Las extravagantes" (Victoria Combalía)


En otra época un libro que se llamase “Las extravagantes” seguro que interesaría fundamentalmente a los caballeros, pero ayer, en la Casa del Libro de la Rambla de Catalunya, quien asistió a la presentación del último libro de Victòria Combalía (Circe, 2025) fue público eminentemente femenino. Claro que también cabe la posibilidad de que acudieran para ver a Marc Giró, que hacía las veces de presentador y lleva a todas de calle, lo que refrendó paseándose en impecable traje azul, camisa blanca y elegante corbata los minutos previos al acto, departiendo con sus admiradoras.
Mirando el índice del libro, confieso sin rubor que sólo sabía de Marina Abramović, Maruja Mallo y Vivian Maier, cuando son nueve las objeto de rápidas biografías, a unas quince páginas per capita, las recogidas en el libro.
Victòria Combalia explicó que fue un libro empezado en la pandemia, y forma parte de esos delgaditos (“que caben fácilmente en el bolso”), y que a ella le sirven para desintoxicarse un poco de otros, esos ya tirando a tochos, estilo el de Dora Maar, a los que suele dedicar muchos años y esfuerzos.
Como el nombre de “Las excéntricas” estaba ya utilizado, se decidieron por este, queriendo que abarcara, en cualquier caso, a eso que dice la banda promocional del volumen: “mujeres fuera de norma”, cada una de ellas por su característica específica.
Tuvieron relaciones difíciles con los hombres, desde la que no conoció varón hasta las hipersexualizadas. Todas artistas “o casi”, explicó Victòria Combalía la historia particular de cada una de ellas, aunque mejor será que la descubran los interesados leyendo el mismo libro, pero traslado, de todas formas, alguna de las cosas más sorprendentes que señaló de unas cuantas:
De Leonor Fini, quien se ve tendrá una exposición próximamente en París, a parte de sus obras, destacó la originalidad de algunos de los modelos que llevaba. Se compraba, por ejemplo, ropa de colchón para hacerse con ella un vestido, cosa que ella -Combalía- también había llegado a hacer (dijo con sonrisa pícara, pero sin que Giró, que debía estar pensando en su próxima intervención, reaccionara).
De Vivian Meier (quizás una de las que más se ha hablado últimamente de todo el conjunto, con exhibición de sus magníficas fotografías y de un interesante documental sobre su vida) recordó el descubrimiento final -que acabó con su empleo de criada- de su síndrome de Diógenes, acumulando fotografías que hacía al elemento más discreto.
Otra con final triste fue Serafina de Senlis, a quien descubrió y propulsó sus cuadros de flores un crítico importante.
La Baronesa Dadá se proveía de latas chafadas para que hicieran de sostenes de sus pechos, y de ella lanza en el libro la duda de si no habrá sido, finalmente, la verdadera autora del urinario que consta como invención de Marcel Duchamp.
Habló también de Maruja Mallo (“la brujita” dijo que la llamaban los del 27), quien ya muy mayor era un personaje omnipresente durante la movida madrileña, de la Marquesa Casati (que confesó le encantaba) y, de hecho, una pequeña píldora de cada una, pero mejor lo dejó aquí.
Por su parte, de Marc Giró, además de disparar a la escritora, en su más genuino estilo, un par de balas envenenadas (que por suerte me dio la impresión de que casi sólo entendió el autor del disparo y su víctima, que pasó de largo como si no fuera con ella), fueron también unas cuantas perlas. Yo me reí con su representación teatral radiofónica, micrófono en mano, de la historia que había pescado en un viejo reportaje explicado por Maruja Mallo, que decía ser perseguida por marcianos que, finalmente, le llegaban a decir lo que querían: ¡pan! Y cuando sugirió a Circe -editora de biografías exclusivamente de mujeres- que hiciera una excepción y publicase la excepcional de Luis Escobar.
Ya no cuento más. Tras explicar Victoria Combalia que estaba metida en la difícil tarea de sacar una segunda parte de sus Memorias, se abrió el turno de preguntas y sólo hubo una discreta intervención, sin que surgiera ninguna pregunta adicional, lo que Giró aprovechó para sugerir “Hagamos entonces un Abramovich” (una de las biografiadas de la que antes había dicho que no era santo de su devoción), poniendo una cara para pedir un trascendente y concentrado silencio, que cortó al cabo de unos segundos recomendando al auditorio comprar el libro, que -añadió- está muy bien y además tiene un precio muy ajustado.

La editora de Circe, Victoria Combalía y Marc Giró que debía haber soltado alguna de las suyas.

Firma final de ejemplares.

Y vi esto a las puertas de La Casa del Libro. Deduje que se trata de las las cajas de cartón sobrantes de las que portaban los libros llevados a la librería durante el día. Ya se sabe: el trabajo de las librerías consiste en un buen porcentaje en abrir las cajas recibidas y cerrar otras llenas de los libros a devolver.
 

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