Mirando, como leemos los occidentales, de izquierda a derecha, Fernando Valls, Jorge Herralde y Javier Rodríguez Marcos. Estaban esta tarde en la Biblioteca de l'Esquerra de l'Eixample para hablar del libro póstumo de Rafael Chirbes, "París-Austerlitz" (Anagrama). Una mesa redonda que ha servido para conocer mejor a este novelista que no gustaba del maniqueísmo y que decía que colocaba rasgos suyos hasta en los peores de sus personajes.
Tratándose de un libro póstumo, su editor ha buscado desterrar lo escrito en algún papel de que su brusco final demuestra que se trata de una novela inacabada. Ha explicado los pormenores de las diversas variaciones de manuscritos, para dejar claro que "se trata de la novela más acabada de todos los tiempos". Para él, la novela obedece a la necesidad de Chirbes de respirar, después de su forzado encasillamiento como el cronista social de la transición, martillo de especuladores y gestores de chanchullos.
Desde mi emplazamiento he alcanzado a ver una escena divertida: Con sus ya alcanzados 80 años, el editor se ha puesto a contar el final de la novela. Desde la primera fila, Lali Gubern le hacía ostensibles señas de que no lo hiciera, hasta que él se ha dado cuenta, y se ha callado algo cariacontecido... cuando ya estaba todo explicado. Rodríguez Marcos ha salido con el capote, para decir aquello de que no importaba demasiado, porque es un libro que...
Herralde ha explicado también cómo llegó a conocer y a editar "Mimoun", su primera novela (Anagrama, 1988). Publicaba en Anagrama a Carmen Martín Gaite, y eso hizo que escritores noveles de fuera de Barcelona le enviaran a ella sus manuscritos, para que hiciera de introductora con la editorial. Elogiando su labor de cónsul en Madrid, Herralde ha recordado que gracias a Carmiña, que se las recomendó, conoció y pudo publicar obras como "La negra provincia de Flaubert" (Miguel Sánchez-Ostiz), o las de Belén Gopegui.
Fernando Valls, por su parte, ha señalado que ve todas sus otras novelas en esa. Allí está, ha dicho, su amor por París y la cultura francesa, su homosexualidad, su interés por la pintura (el protagonista es un pintor), y hasta su gusto por las imágenes religiosas y capillas, que le demostró haciéndole de guía por todas las iglesias de Teruel en una ocasión en que pasaron allí tres días, con mucho tiempo libre.
También se ha hablado de que en una ocasión se ubicó en la Literatura española ("Juan Marsé es mi padre y mi madre"). Y de cuánto era de duro para con los que, en principio, tenían similares ideas políticas.
Rodríguez Marcos ha recordado que su gusto por la gastronomía y sobre todo por los vinos (también mencionado por Valls) le venía de sus colaboraciones para la revista "Sobremesa". Todos, siguiendo una de las frases de Herralde, han coincidido, siguiendo hablando de esa afición suya, que se trataba en todo caso de un hedonismo no exhibicionista, como en todos aspectos marcaba su carácter.
Por el final Jorge Herralde, que sigue teniendo buenas ideas de editor, ya me ha picado para comprar el libro que publicará en el mes de mayo. Es de Ana Puértolas, la hermana mayor de La escritora Soledad. Se llamará "El grupo", y el grupo en cuestión del que habla el libro es el de maoístas, entre los cuales Chirbes, que se reunían con la burguesita zaragozana como pitonisa a discutir enfervorizadamente cómo arreglar el mundo. Creo que ya tiene un futuro lector.

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