martes, 18 de agosto de 2020

Elogio de la bicicleta (Marc Augé)

Cuando se publicó este librito (“Elogio de la bicicleta”, Marc Augé, Gedisa, 2009), nadie podía suponer el vuelco que iba a dar la afición y uso a las bicicletas en los años posteriores.
Yo creo que el mismo Marc Augé (el estudioso que definió ese protagonismo actual de los “no-lugares”) no debía confiar mucho en lo que marcaba como una utopía. Un par de años antes habían aparecido, con un buen éxito, los servicios públicos de bicicletas de Paris y Barcelona, y eso le dio pie a no dejar su escrito únicamente en la expresión de la nostalgia por un mundo ya desaparecido.
Utopía (extendida a la de una nueva vida en la ciudad) al margen, el libro presenta también, en su primera parte, una mezcla de sus recuerdos infantiles (con los míticos ciclistas de entonces: Coppi aparece repetidamente citado) y explicaciones de lo que suponía el descubrimiento de la bicicleta para un muchacho de entonces, que juzgo lo más interesante de todo el pequeño volumen:
“El primer pedaleo constituye la adquisición de una nueva autonomía, es la escapada, la libertad palpable, el movimiento en la punta de los dedos del pie, cuando la máquina responde al deseo del cuerpo e incluso casi se le adelanta. En unos pocos segundos, el horizonte limitado se libera, el paisaje se mueve. Estoy en otra parte, soy otro y sin embargo soy más yo mismo que nunca: soy ese nuevo yo que descubro.”
O, más adelante: “En Bretaña, los pocos kilómetros ganados gracias a mi bici me abrían nuevos mundos (...) Ese cuerpo a cuerpo con el espacio era una practica inédita y exaltante de soledad. (...) Se sabe que una vez que uno aprendió a andar en bicicleta, como a nadar, ya no lo olvida. Pero hay algo más. El conocimiento progresivo de uno mismo al que corresponde el aprendizaje de la bici deja huellas inolvidables e inconscientes. (...) Los jóvenes que montan una bicicleta viven la experiencia conquistadora de su cuerpo.”
La práctica de su cuerpo, de la soledad, pero también, un impulso hacia los otros, como recuerda la canción de Yves Montand:






 

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Comimos y bebimos (Ignacio Peyró)

Dado lo que se ve, se oye y se lee en las noticias, constatada la impotencia para cambiar el rumbo emprendido, sólo queda refugiarse en cier...