jueves, 11 de diciembre de 2025

Las cenizas de Berta (Miguel Dalmau)


Iba yo ayer a la Laie con la intención de presenciar el duelo entre dos escritores, porque el uno -Ignacio Martínez Pisón- entrevistaba al otro -Miguel Dalmau- con motivo de la presentación de su novela “Las cenizas de Berta” (Galaxia Gutenberg, 2025).
Cruzando el centro pensaba qué era lo que emparentaba a ambos, porque realmente no encontraba puntos de relación entre sus obras respectivas y su forma de afrontar la escritura pero, sobre todo, iba algo aturdido por la profusión de luces navideñas y sorprendido por el montón de gente que, al parecer, mueven éstas.
Llegando a mi destino, frente a la entrada, un personaje con potente barba blanca y gorra encasquetada me miró y se acercó a saludarme. Dado lo visto hasta ahí bien podía tratarse de un Papa Noel que acogía a los visitantes de la librería, pero deseché rápidamente esa idea y reconocí a Dalmau, quien me presentó a Martinez de Pisón, ahí a su lado.
En el fondo fue bien la pregunta que les hice entonces para resolver mi duda, porque la aprovechó al poco rato Ignacio Martinez de Pisón para romper el fuego. Resulta que él había había sido miembro del jurado que otorgó el premio Ciudad de Barbastro a la novela que ayer se presentaba, pero conocía a su autor desde mucho antes, cuando ninguno de los dos había publicado ningún libro pero sabían uno del otro, ambos coincidentes en vacaciones en Coma-ruga / San Salvador, que “escribían”.
Por ahí, siguiendo por los caminos de Miguel Dalmau como escritor de “biografías de todo el mundo”, empezó la conversación, para enlazar directamente con la novela, pues alguno de los biografiados aparece de forma ostensible homenajeado en ella, según afirmó taxativamente Martinez de Pisón, ante la aquiescencia de Dalmau, que no sólo le fue dando la razón entonces y siempre, sino que de forma constante fue repitiendo las palabras específicas que utilizaba su entrevistador para, después de eso, ampliarlas con explicaciones en las que se le veía muy a gusto.
Homenajes, pues. Uno incluido en el meollo de la novela, por el que aparecen las cenizas de Berta en el título, se ve que es Concha García Campoy. Otro sería Julio Cortázar, que Dalmau explicó firmaba a veces sus originales como Denis, y Julio Denis es el personaje protagonista de la novela, un personaje que -eso nos quedó claro a todos los asistentes a la presentación- cumple ese precepto imprescindible para tildar de buena la novela en la que aparece -Martinez de Pisón dixit- de acabarla muy cambiado respecto a cómo la empezó.
Pero Dalmau precisó que la escena con la que empieza el libro (según Ignacio Martinez de Pisón “alguien que va a hacer algo, pero se le cruza algo, que le hace hacer otra cosa”: todo el rato estuvo paseándose por la cuerda floja de contar en clave cosas de un argumento que no se puede contar sin destripar la novela) no era en realidad un homenaje a Julio Cortázar y su “Las barbas del diablo”, sino al Antonioni de “Blow up”.
Arreglado un problemita con el micrófono que utilizaba Miguel Dalmau, pues iba virando de color hasta dejar de funcionar una y otra vez, cosa que el afectado tachó de respuesta natural que tienen con él gente sensible como los gatos y el fluido eléctrico, la sesión avanzó por:
a/ El perfume policiaco con el que, según el autor producto de una apuesta medio en broma con su hermana y cuñado, había rociado lo que quería explicar en la novela, esto es, lo difícil que es gestionar las pérdidas, en un proceso que Dalmau ve absolutamente claro que te va a hacer pagar tanto lo que más has descuidado como lo que más has amado.
Ahí, en ese perfume de novela negra instalados, la conversación giró por el placer de leer las novelas policiacas de Montalbano (Pisón) y recorrer sus entornos sicilianos, más cercanos a los españoles que a los italianos (Dalmau).
b/ El feliz escenario en el que se desarrolla la acción, centrada sobre todo en Sanlúcar de Barrameda, a donde, según señaló Martínez de Pisón, habrá que ir con el libro de guía gastronómica, pues parece que se describen en él, además de sus playas, con todo lujo de detalles sus restaurantes.
Puestos en el ambiente de viajes turísticos, Miguel Dalmau recomendó de todas todas un bar de la localidad que se llama El comunista, que incorpora un altar dedicado a La Pasionaria y otras joyas similares, pero donde además se come de maravillas.
c/ Los tipos y características necesarias de la buena literatura. Pisón intento trasmitir cómo le gusta que la novela tenga una buenísima aunque invisible estructura de esas que permitan quitar los andamios y la casa no se hunda (cosa que no siempre pasa), y el gusto de su lectura al ver que todo va siempre avanzando, paso a paso. Insistió dando una razón: “Está tan bien estructurada la historia que podría salir una buena película de la novela”.
Una anécdota (la nueva versión que entendió Pisón le había dicho Dalmau que había hecho de la novela desde el momento de la entrega del premio a su edición, mientras sólo habían sido un ajuste fino de ciertos pormenores de la escritura) llevó a Dalmau a mostrarse desgraciadamente alejado de los autores de la perfección, esos que entregan una primera versión de su libro ya impecable, de los que citó a Flaubert y a Henry James.
Y otra broma (señalar Pisón que lo singular de la novela de Dalmau era que no permitía -como organizan sus autores la gran mayoría de las novelas policiacas- serializar el asunto y ofrecer una nueva entrega) condujo (después de lo que a mí me pareció ver que era la elucubración de Dalmau sobre cómo sí se podría hacer otra nueva novela de una eventual serie, con lo que sí lo había pensado) a hablar de otras eventuales nuevas versiones de libros anteriores. Pisón le preguntó si no podría continuar explicando la biografía de los Goytisolo, que Dalmau había hecho finalizar en 1975. Y de ahí se saltó a la biografía que había hecho sobre el Conde Rossi y sus sanguinarias atrocidades cometidas por Mallorca durante la guerra civil , “La noche del diablo”
De esta biografía de quien representaba “el mal absoluto” (sometiéndome a los tiempos actuales podría haber puesto de titular de este resumen la frase que Dalmau dijo al respecto: “Lo normal es hacer el mal, saltarse los códigos”), explicó que él tenía claro que hoy no pasaría y no se podría publicar. Y que, en su día, Bigas Luna había estado tentado de hacer de ella una versión cinematográfica.
Siguió este tema con Dalmau diciendo que, si quisiera retomar esa biografía, tendría que acabar borrando nombres, a lo que Pisón remato diciendo a su vez que un juicio, como le había pasado a un amigo, se puede perder en estos casos de denuncias hasta diciendo la verdad. Y Dalmau lo remató diciendo que en el momento de su publicación tuvo que pasar por el mal trago de hablar con hijos de los nombrados, y recordó que Andreu Jaume se acercó tranquilamente en una fiesta a otro asistente y le dijo, muy educadamente, “Tu abuelo envió al mío al paredón”. Se vio en la obligación de decírselo.
Poca cosa más. No hubo preguntas del público. Quizás el respetable tenía miedo de que se acabara desvelando por completo el argumento de la obra, y había ganas de leerla. Ignacio Martinez de Pisón volvió a asegurar que lo pasaríamos muy bien haciéndolo. Habrá, vencido un pequeño tapón lector actual, que comprobarlo.

El personaje de las barbas y gorra ya ha entrado en la sala de la Laie y se está desembarazando de su bufanda y demás. Pisón le espera en el estrado.

Ignacio Martínez de Pisón bebe y Miguel Dalmau repite la acción.

En faena.

 

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