Como venía de leer otro libro de otro actor -Jean-François Stevenin- que está en sus antípodas, éste de Pierre Arditi que vi en una librería parisina y me lo traje para casa junto al otro, que sí andaba buscando, me ha sorprendido inicialmente un montón.
Donde esperaba que transmitiera experiencias obtenidas en sus rodajes y representaciones teatrales, me he encontrado con reflexiones sencillas, pero profundas, sobre las cosas más diversas de la experiencia humana.
Mientras en el libro de Stevenin -que es en realidad una conversación- lo he pasado fatal, sin entender sus muchas expresiones altisonantes en argot que dejaban las frases casi ininteligibles, aquí me he encontrado con una escritura reposada y fluida. Arditi se revela como un gran escritor.
Preguntas infantiles con respuestas que trastornan (¿qué es la muerte?, dice que le preguntó un día, teniendo siete años, a su madre?), la experiencia de separarse de alguien querido, la muerte temprana de su madre, la necesidad de salir muy temprano para no sufrir la angustia de perder el tren o el avión, captar cuánto supera el desprecio al insulto a la hora de humillar a alguien,… De recuerdos que le han hecho asentar este tipo de ideas está compuesto este libro. Uno de sus capítulos, por ejemplo, lo dedica a “las manos”, y de él intento traducir estos párrafos:
“Lo que me sorprende actualmente, que no había apercibido hasta este punto anteriormente, es la manera en que los niños dan la mano a sus padres.
Dan esas manos miniaturas, la mirada a menudo dirigida hacia el padre o la madre, pidiendo ser conducidos en esta jungla que se llama el mundo, galopando o con gravedad, distraídos a veces por el movimiento de un coche o la mirada de otro niño para a continuación regresar a los adultos que los conducen, quienes, en ocasiones, no saben lo que esas manos les piden.
Sus manos son un regalo precioso. No se distingue ahí ningún capricho, ellos solamente hacen de nosotros, por un instante, sus héroes, los que responderán a todo, les protegerán de todo. Debemos encarnar este papel lo mejor posible, incluso si es la más deliciosa de las mentiras.”

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